La suerte de Mariama

Para Mariama no hay sorteos, ni futuros sin crisis, porque ella no sabe qué es una crisis; sabe lo que es el hambre, sabe lo que es la miseria, pero aun así sonríe  con unos ojos negros muy expresivos.

Mariama vive en un pequeño poblado al borde del río Gambia, no desea ningún ipad, solo un caramelo que guarda como un tesoro en su mano. Te mira desde una inocencia pervertida por la necesidad, siguiéndote como un perrillo alegre y juguetón gritando “amigo, amigo; yo amigo”, aunque su español se limite a cuatro o cinco palabras que no sabe muy bien que significan, pero que sabe agradecen los pocos turistas españoles que se acercan por allí.

La suerte de Mariama no la va a depender del Gordo de Navidad, ni de la labor que realicen los trece magníficos de Rajoy, pero como siempre existe el efecto mariposa, cuanto mejor nos vaya a los países ricos, menos mal les irá a los países que, como Gambia, ocupan los últimos puestos  en los Indicadores Internacionales sobre Desarrollo Humano elaborados por Naciones Unidas.

Aumentan el hambre y la obesidad en el mundo

Según el Informe Mundial sobre Desastres 2011, que ha presentado Cruz Roja Española, el 15% de la población mundial sufre hambre, mientras que el 20% sufre problemas de sobrepeso. El problema del hambre el el mundo, que supone la muerte de tres millones de niños menores de cinco años, no es un problema de escasez de alimentos, sino de acceso a los mismos por el encarecimiento de precios. En el siglo XXI, si has nacido en un país pobre, puedes morir de hambre.

¡Parece mentira! ¿por qué el ser humano avanza técnicamente, pero no moralmente?

Adivina qué niño no está en su contexto

Fotografías de:

Los ojos del hambre

Fotografía de Simón Maina

Parece que estamos inmunizados contra el dolor de los demás.  Mientras no nos afecte a nuestro nivel de vida, nos vale con hacer un donativo que apenas nos cueste esfuerzo y que nos permita lavar nuestras conciencias. Nos llevamos las manos a la cabeza por la crisis financiera que está arrasando Europa como un caballo desbocado, pero seguimos disfrutando de una comida diaria, de una educación mejor o peor, de una sanidad, de una seguridad de que podremos seguir viviendo mañana, incluso con las sobras de otros.

Ellos no tienen para comer porque los precios de los alimentos están fuera de su alcance. Según datos de la ONU, 750.000 somalíes pueden morirse de inanición en los próximos cuatro meses si no se hacen mayores esfuerzos para paliar esta situación.

El valor de una vida

Barack Obama, flamante Nobel de la Paz, no acudirá a los actos que se han organizado en su honor por motivos de seguridad según algunos, por prudencia y humildad según otros.

En Lanzarote, una mujer saharahui, Aminatou Haidar, continua poniendo en peligro su vida voluntariamente por defender los derechos de su pueblo, un pueblo que reclama su tierra desde hace décadas, mientras la comunidad internacional, que reconoce sus derechos, mira hacia otro lado cuando Marruecos hace caso omiso de las resoluciones adoptadas.

Cada 6 segundos muere un niño de hambre en el mundo y el número de personas que pasan hambre está aumentando, según la FAO, mientras en España seguimos enredados con una Ley del Aborto, que no sabemos si se abortará o nacerá con defectos congénitos.

En fin, que no sé si hoy, Día de los Derechos Humanos, es el mejor momento para pararse a pensar sobre por qué una vida no vale nada o vale demasiado, dependiendo de dónde nazcas o de quién seas. No todos somos iguales, o por lo menos lo parece si miras con un poco de atención a tu alrededor.

La utilidad de mirarse el ombligo

1717659920_7a34fd552dMirarse el ombligo es toda una filosofía de vida que practicamos casi todos -y me incluyo- para intentar vivir. Mientras uno se mira su ombligo no ve la situación del de al lado, lo cual es muy útil cuando aquella es mucho peor que la tuya.

Esto viene a cuento de un estupendo post que leí el otro día sobre la vida en Dharavi, un suburbio de Bombay. Está claro que siempre hay alguien que lo está pasando peor que tú, pero si te miras el ombligo y te das tanta pena a ti mismo que te impide mirar al frente y ver lo que te rodea, no tendrás por qué preocuparte.

Algo parecido está pasando con las noticias y comentarios que están llenando los medios estos últimos días: entre espías, chorizos, cacerías, jueces que juegan a ser estrellas de Hollywood por un día, filtración de informaciones, escenificaciones de Fuenteovejuna en forma de comunicado del PP, y demás mandangas, nos tienen bien entretenidos a los comunes mortales, que en realidad ya sabemos que ratas hay en todos los barcos.

Pero estos trampantojos tan bien diseñados y elaborados están consiguiendo desviar la atención de lo que a nuestro querido ombligo le afecta mucho más: los dineros que se nos van sin saber cómo y la dificultad para conseguirlos es cada vez mayor. Y encima los datos del INE no nos dan ni un pequeño respiro, ya que por fin se confirma lo que todos intuíamos por el agujero en nuestros bolsillos: España entra en recisión por la nueva caída del PIB.

En fin, y volviendo al principio, a pesar de todo y de todos los que nos gobiernan y de los que nos quieren gobernar, me considero afortunada de vivir en un país en el que tienes la posibilidad de alimentarte todos los días, en el que existen una sanidad y una educación que -con todas sus sombras- te permiten existir dignamente, y además en el que se te permite pensar y decir lo que piensas.

Evidentemente, el conocer la miseria en la que viven millones de personas no implica que no me preocupe por mejorar mi bienestar, pero sí que me hace reflexionar sobre lo esencial y lo superfluo, sobre lo fundamental y lo accesorio.

Fotografía: Chaquetadepollo

¿A quién le importa el Congo?

Más de 250.000 desplazados por el conflicto armado en el este de la República Democrática del Congo (RDC) ha sido calificado por la ONU como un agujero negro humanitario, pero eso parece no ser importante. El que  cada mes pierdan la vida 45.000 personas por este conflicto, según estimaciones de la organización internacional Rescue Committee (IRC), no le quita el sueño a ningún mandatario del primer mundo, ya que los intereses económicos contrapuestos de las potencias occidentales impiden una acción coordinada en la zona.

El negocio del coltán alimenta la codicia y financia muerte, la muerte de hasta ahora más de 5 millones de personas. No son los problemas étnicos, sino el beneficio económico el que promueve esta guerra. El segundo país más grande de África, con importantes recursos minerales, está siendo arrasado por la avaricia de multinacionales y potencias mundiales que lo utilizan como campo de batalla para obtener ventajas, tanto económicas como geoestratégicas. Pero, ¿a quién le importa el Congo?