Una huelga para encender luciérnagas

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Si nosotras paramos, el mundo se para

Entre silencios vivo, creo, dudo, me desespero, río, amo, me hastío, respiro e, incluso, a veces escucho el sonido de lo imperceptible. Hoy, tras un largo sueño en el que las palabras han permanecido en el limbo del mañana, he sacudido su consciencia hasta el ahora para unir mi voz a las que apoyan el lema de “si nosotras paramos, se para el mundo”. Mañana me uno a #LasPeriodistasParamos porque recordar un día al año la discriminación que sufre la mujer por el mero hecho de serlo no es suficiente; las declaraciones internacionales condenando esta situación no son suficientes, si todo ello no viene acompañado de un profundo cambio cultural en el que se difuminen, hasta desaparecer, los  exclusivos y tradicionales roles de hombre cazador y mujer procreadora de la especie.

Mañana, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, lo celebro reivindicando mi derecho, el derecho de todas las mujeres a ser lo que quieran en una sociedad libre e igualitaria. Y lo festejo con este maravilloso poema de Gioconda Belli

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

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Mujeres de tierra y acero

cancer mama

Imagen de David en Flickr

Hoy, Día mundial contra el cáncer de mama, quisiera rendir un pequeño homenaje a esas mujeres de tierra y acero. Mujeres de tierra fértil y húmeda, que emergen a la vida tras ser devastadas por riadas, heladas, fuegos que mutilan cuerpos a su paso. Mujeres de acero que defienden su esencia con el escudo de un espíritu de lucha invencible. Esas mujeres que, como mi madre, alguna vez se han enfrentado  a esa macabra lotería que es el cáncer de mama.

Esta es la historia de una mujer que se enfrentó, hace más de 25 años a esa noticia que te dan como un mazazo en el centro del estómago: “hemos analizado las muestras y hay que extirpar la mama”. Ya nos habíamos encarado con la palabra “cáncer” y habíamos perdido. Mi padre murió de cáncer de páncreas tras varios meses de dolores que no calmaban ni la morfina que le administrábamos a través de un catéter. Y cuatro años después nos enfrentábamos de nuevo a la maldita palabra, sin que mi madre hubiera sido capaz todavía de abandonar el luto por su compañero.

Nunca la vi desfallecer, ella sabía que no podía dejarnos y perdió una de sus mamas en la batalla, pero ganó la guerra. No se quejó jamás, no le importó la amputación de uno de sus generosos pechos; esos pechos que me amamantaron hasta los tres años, que me acunaron y cobijaron cuando la oscuridad y los miedos me envolvían. Hoy, con 86 años, sigue haciendo frente a la vida mirándola a la cara, sin temer a la muerte, pero viviendo la vida.

El principio del túnel

Túnel

Imagen de Ricardo Luengo

Ella mira hacia delante y sólo ve el principio de un túnel. La oscuridad que la abraza le da miedo. Detrás todavía le queda la luz de los recuerdos, de las rutinas conocidas, de todo lo vivido. Es consciente que ha olvidado palabras, que su mente arrincona momentos en un lugar que ella no alcanza; pero no quiere rendirse, todavía no.

Aun le queda el tiempo que es capaz de retener entre sus labios, aun se esfuerza por demostrar a los demás que todo va bien; a pesar de que cada vez oye menos, de que se da cuenta que todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida se le va deshaciendo poco a poco, separándole un metro más de esa cálida luz que es capaz de percibir a su espalda.

El lobo ya ha venido y los fantasmas no existen

esperanza contra miedo

Imagen de Neil Girling

“¡Qué viene el lobo!”, “¡Qué viene el lobo!”, nos decía ayer la casi-alcaldesa de Madrid, arrogándose en salvadora de oscuros futuribles ante los descerebrados madrileños que, inexplicablemente, le han dado al PP sólo 44.082 votos más que a la Agrupación Ahora Madrid en estas elecciones municipales. Cuando ella asegura tener 500.000 votos más que la opción que lidera Carmena, une a los votos del PP, los del PSOE y los Ciudadanos, como si tratara de liderar una coalición interestelar contra las fuerzas del mal encabezadas por Manuela Carmena.

El lobo ya ha venido, Señora Aguirre, durante años ha ido desangrando nuestros derechos sociales, ha ido llevándose nuestro dinero a sus cuentas bancarias y ha ido vendiendo nuestro patrimonio a sus colegas. Por mucho que intente convencerme, sé que los fantasmas no existen. Su discurso me ha recordado a lo que se decía en algunos sectores cuando Suárez se atrevió a legalizar el Partido Comunista de España. Eran las primeras elecciones generales democráticas que se celebraban en España después de casi 40 años de dictadura. El editorial del ABC del 10 de abril de 1977 decía lo siguiente: “No es hacer viable la democracia el condescender con aquellos que no practican sus reglas cuando llegan al Poder. No es la democracia moneda de curso legal en la Cuba de Castro ni lo es en la Rusia de Breznef, donde a los disidentes se les encierra en clínicas psiquiátricas o se les instala en archipiélagos Gulag.” (¿por qué me recuerda a las alusiones a Venezuela?).

En fín, lo dicho, que el lobo ya ha venido y los fantasmas no existen.

Un día cualquiera

Era un día cualquiera, como el anterior o el anterior al anterior. Se levantó y descubrió perpleja que el horizonte se había desdibujado tras la ventana. Las certezas se le cayeron de las manos, y, en ese momento, extravió sus esperanzas entre bosques de dudas e indecisiones. Intentó caminar hacia delante y, a cada paso, sólo encontraba sombras.

Se levantaba, comía, sonreía, hablaba, dormía; incluso, a veces, hasta era capaz de ver a los que estaban a su alrededor, a su lado. Pero eso no impedía que sus gafas oscuras, esas que se ajustaron como una segunda piel a sus ojos aquel día, -ese día que iba a ser igual a todos los demás-, la envolvieran en una soledad autoimpuesta, en una tristeza masoquista de la que era incapaz de escapar.

El tiempo no fue capaz de curar la herida. Se refugió en el miedo a lo imprevisto, se vistió con un traje de humillación permanente que no le permitía disfrutar de un sol de marzo, de la brisa fresca de una tarde de otoño o del resplandor de unos relámpagos en una noche de verano. Un día cualquiera, tal vez el pasado vuele de su corazón y consiga recuperar la alegría de vivir, ¡pero se habrá perdido tantos momentos maravillosos!

Una ley del aborto contra las mujeres

Estadísticas sobre el aborto

Imagen de Mujeres ante el Congreso

Me sorprende ver cómo el PP se tapa sus vergüenzas dándose la vuelta y luciendo ante el personal un culo blanco y flácido. Esta vuelta de tuerca de Gallardón con la contrarreforma del aborto no es más que eso, un ardid político para que miremos ese glúteo impresentable, en lugar de fijarnos en sus desvencijados trastos delanteros: paro, corrupción,…. ¡Mira que tenían programa electoral para cumplir!, y se han venido a fijar en lo que ellos llaman “la defensa de la maternidad” y que a mí me suena a incapacitar a las mujeres para decidir si queremos o podemos ser madres o no.

De acuerdo con la Resolución 1607 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (2008) “Prohibir el aborto no consigue reducir el número de abortos: conduce sobre todo a abortos clandestinos, más traumáticos, y contribuye al aumento de la mortalidad maternal y/o al desarrollo del “turismo del aborto”, una actividad costosa, que prorroga el momento del aborto y genera desigualdades sociales. La legalidad del aborto no tiene efecto sobre la necesidad de la mujer de recurrir al aborto, sino solamente sobre su acceso a un aborto sin riesgo.”

En el aborto, como en otros temas en los que entran de lleno las creencias religiosas, se juega con una doble moral; pero el Tribunal Constitucional ya dejó claro en 1985 que en este ámbito entran en colisión derechos fundamentales de la mujer, como persona sujeto de derechos y obligaciones, y la vida del nasciturus, como bien constitucionalmente protegido. No se trata sólo de traer hijos al mundo, sino de traerlos a un mundo en el que puedan recibir cariño, atención, educación; en el que tengan la oportunidad de desarrollarse personal y socialmente. Con esta nueva ley que se está cociendo, sin duda la mujer vuelve a perder, como argumentaba Joan J. Queralt en su Tribuna de “El País”; pero, lo que más me indigna, es que detrás no hay convicción de preservar la vida, sino que el drama de muchas mujeres es utilizado como una burda oportunidad política para ganar los votos o los favores de unos pocos.

Mujer: algo más que un envase biológico

El caso de la mujer salvadoreña, cuya vida está en riesgo porque en El Salvador está prohibido el aborto bajo cualquier circunstancia, me hace preguntarme por qué en el siglo XXI la mujer sigue siendo considerada en numerosas ocasiones únicamente como un envase biológico. Y no consigo entender a aquellos que ven correcto dejar morir a una mujer porque dentro de ella hay un proyecto de vida, que, según indican los informes médicos, tiene nulas posibilidades de prosperar, ya que el feto es anencefálico (sin cerebro), y que está anomalía es incompatible con la vida extrauterina.

La Iglesia, tan combativa contra el aborto, incluso en este caso tan sangrante, no alza su voz con tanta contundencia cuando se trata de luchar contra la pena de muerte, ¿por qué?, también se atenta contra una vida – no inocente, tal vez, pero vida humana al fin-. Tal vez, la campaña internacional a favor de Beatriz y la Resolución de medidas provisionales adoptada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ayuden a esta mujer, que esta semana será sometida, con toda probabilidad, a un parto inducido, a encontrar una salida al infierno al que la han llevado unas leyes irracionales y una sociedad injusta. Pero ¿a qué coste?.

Tener un útero nos hace diferentes, pero no inferiores en derechos. Poder dar vida a un nuevo ser humano es algo maravilloso. Sin embargo, decidir si podemos o si queremos ser madres debe ser una decisión personal, porque ser madre es mucho más que parir; se trata de traer hijos a un mundo en el que puedan recibir amor, atención, educación; en el que tengan la oportunidad de desarrollarse personal y socialmente. Las mujeres somos mucho más que meros envases biológicos para perpetuar la especie.

Yo decido