El paro juvenil y los muertos

Con 48 años, periodista y mujer, mis posibilidades de dejar de ser uno de los más de 6,2 millones de parados va a ser casi un milagro. Sin embargo, no quiero rendirme. Mis casi 20 años de experiencia como responsable de comunicación no sirven de mucho, cuando las ofertas que llegan son de community manager. Para poder optar a un puesto como community manager parece ser requisito imprescindible tener menos de 30 años. Debe ser que los que pasamos de largo los 40 no somos capaces, por nuestra edad, de aprender y evolucionar. Somos muertos, a efectos de posibles empleadores.

El paro juvenil es, sin duda, una pesada losa a la hora de afrontar el futuro que nos espera, pero ellos todavía tienen la esperanza de poder empezar una carrera profesional. Los que, con casi 50, nos encontramos en esa sangrante e interminable lista de parados, con ganas de trabajar, estamos abocados a no encontrar ni siquiera espejismos en este desierto en el que nos hemos perdido, aunque me niegue a darme por muerta. A ese 57,2 por ciento de jóvenes que actualmente no encuentran salida les daría el mismo consejo que Serrat ofrece en en su pesimista y hermoso “Pueblo blanco”:

“Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
….

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí…

Pero los muertos están
en cautiverio
y no nos dejan salir
del cementerio.”

El tiempo de la felicidad

Según el Ministerio de Trabajo, los Servicios Públicos de Empleo registran un aumento de 134.182 personas en situación de desempleo (3,17%) durante el mes de octubre, y España vuelve a vivir en la incertidumbre del principio de la crisis. Grecia lanza un órdago a la Unión Europea, una unión cuya consolidación presenta demasiadas incertidumbres.

En definitiva, cada día que pasa, el temporal de la crisis sigue azotando con fuerza nuestros bolsillos y somos más pobres. Pero, ¿somos infelices? Creo que llevamos demasiado tiempo midiendo nuestra felicidad en función del dinero acumulado. Tal vez, haya llegado la hora de tener en cuenta otras magnitudes, en lugar de la riqueza material, para conocer nuestro grado de desarrollo. Ayer se presentó el Informe sobre Desarrollo Humano 2011 y en él se señala que los avances en los países más pobres del mundo podrían frenarse o retroceder si no se toman medidas decididas para frenar el cambio climático, evitar la degradación del medioambiente y reducir las profundas desigualdades entre las naciones y al interior de ellas.  El pasado mes de julio, la Asamblea General de la ONU aprobó hoy una resolución que reconocía la búsqueda de la felicidad como “un objetivo humano fundamental” e invitaba a los Estados miembros a promover políticas públicas que incluyeran la importancia de la felicidad y el bienestar en su apuesta por el desarrollo.

Dicen que el dinero no da la felicidad, pero seguimos muy preocupados por su escasez. Tal vez me vaya  a Bhutan un tiempo para aprender a vivir de otra manera.