Cuando las palabras no bastan

Teach Peace

Cuando las palabras no bastan
es que el sol ha caído por la escuadra
de la vía láctea
y la noche ha ganado a la luz
el espacio infinito de miles de almas.

¡Y espero!

Sólo espero que basten las palabras
para combatir el estupor y el miedo
de esos ojos recelosos
antes, incluso, de saber que existe la esperanza.

¡Y en silencio grito!

Y las palabras no sangran, no se rompen, no estallan.
En contraposición a las armas que se expanden
como hiedras sofocantes y caóticas
para arrancar la savia de almas blancas.

¡Y no bastan las palabras!

No, las palabras no bastan
para saciar su codicia desmedida,
para separar sus carroñeros dientes
de la carne mortecina y moribunda,
para desenmascarar a falsos sacerdotes
de fraudulentos credos.

¿Y cómo luchamos
los que sólo tenemos las palabras?

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Los heraldos negros

Je suis Paris

Je suis Paris

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Los heraldos negros. César Vallejo

 

 

El olor de tu ausencia

Siento el olor de tu ausencia
adherido a mi apagada piel,
como una enredadera muerta,
que crece, que duele, que axfisia
cada febrero, este día.

Chirrían palabras huecas
entre estas líneas vacías;
te pierdo en un tiempo de niebla,
que me envuelve divida
entre tu muerte y mi vida.

Paladeo el sabor de tu ausencia
y se clavan las espinas,
las miles de horas gastadas
en recordar nuestras risas
para no perderte, para encontrarte
de nuevo, en esta fecha maldita.

Un país para comérselo

Imagen de CORREMADRID

Imagen de CORREMADRID

Ya no sé si a mi país se lo ha comido Saturno hace siglos, o se lo están comiendo los cuervos que sobrevuelan nuestras cabezas en forma de mercados histéricos y de políticos sin palabra y sin honor -de sonrisa lobuna y burlona-, mientras las hormiguitas de la piel de toro se agarran a lo que pueden para no caer aplastados por la avaricia sin límites de los secuaces del Mal -con mayúsculas, por supuesto-.

Ante tanto desmán, no me queda otra que apelar a la esencia -como se suele decir- y llamar a voz en grito al toro de España, en palabras del genial Miguel Hernández, para ver si despierta de nuevo esa voz común y tolerante que nos unió en 1978, y recuperar las grandes palabras:

“La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada, y

Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.”

Llamo al toro de España (Miguel Hernández)
Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.

Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.

Revuélvete.

Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.

Atorbellínate.

De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.

Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.

Sálvate.

Otro 25 de noviembre: mujer que camina y sangra

Un nuevo asesinato machista en Parla (Madrid) aumenta la macabra estadística: 41 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas en España desde el 1 de enero de 2012, según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en los que no se han incluido 4 casos, todavía en investigación.

Siento rabia, impotencia, dolor por cada una de estas muertes, y por todas las que, con su sangre, nos hacen más fuertes, más valientes, más libres.

La mujer es sangre,
cada paso es sangre,
cada grito, cada “no”,
cada “basta” es sangre.

Con la herida siempre abierta
camina y sangra,
da vida y sangra,
ama y sangra,
llora y sangra.

Sangre símbolo del yugo,
sangre que hiere,
sangre, sangre,
sangre que no se detiene.

La mujer es sangre.
Y su muerte, siempre sangre.
Siempre, desde el comienzo,
siempre sangre.

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Deseo sin forma

imagen de Altamar

La calle respiraba fuego
y húmedos  cuerpos
la noche en que mis pasos
temblaron ante tu puerta.

La luna y Manhattan
nos acunaban  junto al mar,
con el murmullo de las sombras,
permitiendo confidencias.

Tú no te rendías,
pero mis artes malignas
y la manzana del pecado
surtieron finalmente su efecto.
Y caíste, como Adán,
ante su dulce veneno.

Cuando el día despuntaba
sucumbiste ante la culpa,
arrepentido por quebrantar
los eternos mandamientos.
Y huiste, sin mirarme,
a tu atalaya de cristal,
para olvidar este encuentro.

Más yo, Eva sin principios,
serpiente urdidora
de mágicos ungüentos,
luché contra tus soldados
del miedo. Y vencí
-sólo a medias-
al maldito Lancelot
que llevas dentro.

Hoy, siglos después
de tan extraño encuentro,
te reconozco diablo,
dios absoluto,
caballero andante
y deseo sin forma.

Hoy, cuando tu pecado
ya ha sido perdonado,
mi cuerpo siente de nuevo
que la calle respira fuego.

Ver otros vanos intentos de versos