En medio de la lógica del caos

En medio de la lógica del caos

Parece que nos encontramos al final de una era histórica, o al principio de una nueva, según se mire; en medio de la lógica del caos. Los que somos inmigrantes digitales asistimos incrédulos a los enormes cambios que Internet está causando en nuestra sociedad.

Lo que augurábamos como la democratización de la información, se ha convertido en un arma de consecuencias inimaginables. La tecnología, independizada de la ética, se prostituye al mejor postor para fines poco o nada altruistas.

Ponemos el grito en el cielo porque unos operadores asalten nuestra intimidad al ofrecernos por teléfono unos servicios que ni necesitamos, ni hemos pedido; sin embargo, nadie se espanta de que su móvil le pida una valoración del lugar en el que encuentra en un determinado momento, o de que cada vez que abre su navegador le aparezcan anuncios de coches porque unos días antes ha estado valorando la posibilidad de cambiar el que tiene.

Una enorme cantidad de gente vive en un reality show permanente a través de Facebook o Instagram, compartiendo su intimidad sin ningún pudor con multitud de personas a las que no conocen. Estos escaparates de cartón piedra están condicionando las relaciones interpersonales actuales, y se ha confundido el significado de la palabra “amigo”, al denominar así a hombres y mujeres desconocidos.

Hemos creado ya una sociedad diferente a la que yo conocí de niña, en la que todo iba más despacio, los cambios eran más lentos. Sin duda, la sociedad digital que hemos construido tiene muchos aspectos oscuros que no me gustan, pero creo que las ventajas que aporta son superiores. Estamos viendo ahora los efectos secundarios, y hemos de corregir esas alteraciones si queremos ir hacia un nuevo Renacimiento, en lugar de hacia una segunda Edad Media.

Anuncios

Descalificaciones, mentiras y acuerdos fallidos

mentira

Mentira. Imagen de Mateorito

Aprender a vivir supone aprender a perder, a ceder, a compartir, a sentir dolor, a cometer errores… La vida nos lleva desde el “quiero” de nuestros primeros años de existencia, a asumir el “puedo” y el “debo” que tamizan ese egocentrismo inicial, para convertirnos en parte de una comunidad con la que compartimos valores y normas que regulan nuestras relaciones.

Sin embargo, esta sociedad individualista y hedonista alienta el ascenso de personajes cuya principal virtud es vocear insultos, soltar venenosos comentarios, agredir verbalmente a aquellos que no comparten su punto de vista. Las redes sociales están llenas de estos elementos que utilizan el anonimato de Internet para desatarse la melena y dar rienda suelta a sus frustraciones.

A esto contribuyen sin duda también algunos políticos 2.0 que, en lugar de apoyar sus tesis con argumentos, las ensartan en menos de 140 inquietantes caracteres para devolver masticados a la plebe firmes negaciones, férreos principios (hasta que sea conveniente cambiarlos), caricaturas hirientes  de los adversarios. Todo ello aderezado con la falsa modestia del “yo lo he intentado”, mientras van clavando aguijones con una mezcla perfecta de palabras.

Al igual que hace años, mucha gente iba a los campos de fútbol a insultar al árbitro y los jugadores (hoy todavía se continúa haciendo, ¡el circo es el circo!) con el fin de saldar cuentas con su jefe, su cónyuge o el sunsuncorda; actualmente se destacan las descalificaciones personales más descarnadas y se retuitean, se comparten en grupos y se amplifican hasta límites insospechados.

Me han decepcionado los nuevos políticos que venían dispuestos a romper la clásica división de partidos de derechas y partidos de izquierdas, a luchar por una España mejor. Lo que parece, por sus actuaciones, es que su único objetivo es sustituir a los anteriores partidos mayoritarios de izquierdas y de derechas y si, en esa finalidad, tiene que perder España, ¡pues ya la arreglarán en su momento! Todos dicen pensar en España, pero ¿quién piensa en los miles de españoles que no pueden esperar ni un día más?

Esta película, que seguro que no triunfará en ningún certamen, ni nacional ni internacional, se podría llamar “Descalificaciones, mentiras y acuerdos fallidos”.