Amanece en tierra derrotada

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Una claridad densa empieza a vislumbrarse tras una noche confusa, como las miles anteriores. Amanece un nuevo día en la tierra de la derrota, una tierra en la que vientos extremos han aterrizado para barrer, sin compasión, el entorno amable y esperanzador que parecía ser indestructible.

Veo rostros crispados, sin un resquicio de duda en sus miradas, sin una brizna de tolerancia en sus gestos. Escucho voces destempladas, airadas, inflexibles que se alzan, arengando a quien se quiera unir a un macabro carnaval de despiece de una piel de toro cansada de luchas intestinas e infértiles.

Se me viene a la memoria un poema de Luis Cernuda, “Es lástima que fuera mi tierra”, del que dejo unos versos:

“No hablo para quienes una burla del destino
Compatriotas míos hiciera, sino que hablo a solas
(Quien habla a solas espera hablar a Dios un día)
O para aquellos pocos que me escuchen
Con bien dispuesto entendimiento.
Aquellos que como yo respeten
El albedrío libre humano
Disponiendo la vida que hoy es nuestra,
Diciendo el pensamiento al que alimenta nuestra vida.

¿Qué herencia sino ésa recibimos?
¿Qué herencia sino ésa dejaremos?

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En medio de la lógica del caos

En medio de la lógica del caos

Parece que nos encontramos al final de una era histórica, o al principio de una nueva, según se mire; en medio de la lógica del caos. Los que somos inmigrantes digitales asistimos incrédulos a los enormes cambios que Internet está causando en nuestra sociedad.

Lo que augurábamos como la democratización de la información, se ha convertido en un arma de consecuencias inimaginables. La tecnología, independizada de la ética, se prostituye al mejor postor para fines poco o nada altruistas.

Ponemos el grito en el cielo porque unos operadores asalten nuestra intimidad al ofrecernos por teléfono unos servicios que ni necesitamos, ni hemos pedido; sin embargo, nadie se espanta de que su móvil le pida una valoración del lugar en el que encuentra en un determinado momento, o de que cada vez que abre su navegador le aparezcan anuncios de coches porque unos días antes ha estado valorando la posibilidad de cambiar el que tiene.

Una enorme cantidad de gente vive en un reality show permanente a través de Facebook o Instagram, compartiendo su intimidad sin ningún pudor con multitud de personas a las que no conocen. Estos escaparates de cartón piedra están condicionando las relaciones interpersonales actuales, y se ha confundido el significado de la palabra “amigo”, al denominar así a hombres y mujeres desconocidos.

Hemos creado ya una sociedad diferente a la que yo conocí de niña, en la que todo iba más despacio, los cambios eran más lentos. Sin duda, la sociedad digital que hemos construido tiene muchos aspectos oscuros que no me gustan, pero creo que las ventajas que aporta son superiores. Estamos viendo ahora los efectos secundarios, y hemos de corregir esas alteraciones si queremos ir hacia un nuevo Renacimiento, en lugar de hacia una segunda Edad Media.

Cuando el miedo avanza, la razón pierde

MIedo

El miedo paraliza, permite la entrada en la sociedad del virus de la intolerancia.

Estos días parece que la ultraderecha se ha puesto de acuerdo para atraer los titulares de los medios de comunicación. Hoy, Matteo Salvini y Marine Le Pen anuncian su unión en un “frente de la libertad” para acometer las elecciones europeas del próximo mes de mayo, cuando todavía no se han acabado los artículos y noticias sobre la gran victoria en las elecciones presidenciales en Brasil de Jair Bolsonaro, con el respaldo del 46 por ciento de la población; lo cual no le librará de disputar una segunda vuelta, el próximo 28 de octubre, con el progresista Fernando Haddad, que únicamente consiguió aglutinar el 29 por ciento del voto.

En España, Vox hizo ayer su puesta de largo en el Palacio Vistalegre, en Madrid, el mismo escenario dónde Podemos celebró sus congresos, para demostrar que tiene tantos entusiastas, o más, que los que se denominan herederos del movimiento 15M. Ante más de 10.000 entregados seguidores, los portavoces del partido creado por Santiago Abascal hace cinco años, expusieron su proyecto de España: una, grande y libre (para los que piensan como ellos).

El mundo anda un poco revuelto, sin duda, y el miedo está empezando a asomar sus garras. Ante un futuro incierto, con amenazas a “lo conocido”, nos aferramos a la seguridad, a la fe. En lugar de tratar de encontrar soluciones compartidas, se impone la rigidez de las ideas, la búsqueda de culpables en los otros. El peligro está en que estos movimientos radicales, estén en la derecha o en la izquierda, se nutren de los moderados desencantados.

Nos encontramos en el principio de “un mundo nuevo” y no sabemos qué hacer con él. Histriones como Trump y Putin manejan dos grandes potencias mundiales, la ultraderecha se está asentando en Europa como respuesta al miedo a los ataques terroristas islamistas, como reacción de los nacionalismos a un mundo globalizado, de los ciudadanos que, hartos de la corrupción política, se echan en brazos de caraduras con pose de integridad.

Estamos pasando del mundo de “Tiempos Modernos” al mundo de “Yo, robot”, y esa transformación conlleva numerosas inseguridades. No tengo una bola de cristal, sin embargo, si tengo claro que si el miedo gana, la razón pierde y, con ella, la democracia, la igualdad y la solidaridad.

No temo las palabras

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“La riña” de Goya

No temo las palabras,
Temo las voces airadas.
A los que sólo se escuchan a sí mismos,
A los profetas que las manipulan
Y a los que las enarbolan como mordaza.

No temo las palabras,
Temo su impúdica adulteración.
A los que se erigen en guardianes
De atávicas falacias y empuñan,
Como dagas ponzoñosas y sangrantes,
Palabras que se han conquistado
A golpe de dolor y de coraje.

No temo las palabras,
Temo la ciega intransigencia.
A los que confunden conceptos
Y denominan certeza lo que
Tan solo es fe, opinión o deseo.

No temo las palabras,
Sólo temo a los trileros que envuelven
Su significado en juegos de manos
Para conseguir el resultado deseado.

Reivindico la virginidad de la palabra,
Sin fatuos adornos, rodeada de argumentos,
De verdad, de mano abierta.
Porque si desnudamos la palabra
De su traje de entendimiento,
La estaremos convirtiendo en carcelera
De otras palabras, de otras ideas.

Y eso, eso no son palabras,
Son únicamente gestos de déspotas.

El dolor llega más allá de las nubes

nubes

El dolor llega más allá de las nubes

Me encuentro en medio de un paraje en el que el sonido es un silencio atronador, sólo mancillado por mis pisadas lentas, torpes en un medio desconocido. Hasta allí llegan los lamentos en mi cabeza, el dolor de una sinrazón que golpea una y otra vez, sin que sepamos por dónde nos va a venir el próximo golpe. Barcelona, Cambrils, Ripoll se me aparecen en medio de este paraje como escenarios macabros que sustituyen a poblaciones en las que se ríe, se ama, se sueña…

Aparecen las voces de ojo por ojo, las que se ofenden porque siguen enrocadas en sus pequeñas disputas de salón que, ahora, en esta desolación colectiva se me antojan pueriles e, incluso, egocéntricas en grado superlativo. Los muertos, los heridos, los afectados directa o indirectamente por esta barbarie son sólo personas, sin más adjetivos, sin más calificativos.

Me siento culpable por estar disfrutando de esta maravillosa paz, mientras a mis pies el mal, ese concepto tan etéreo como este aire, se materializa en una niebla que estrangula corazones y acaba con la vida de sus semejantes, dejando a su paso un reguero de muerte, desolación y perplejidad. Porque la muerte siempre nos deja desconcertados.

Alepo no celebra la Navidad

Contemplo muda, incrédula, las imágenes de una ciudad aniquilada, de una población caminando sin rumbo por calles destruidas. Alepo, dicen los medios de comunicación, ha sido liberada. ¿A qué precio? ¿Y los niños, mujeres, hombres, ancianos, enfermos que han caído por los ataques indiscriminados de los ejércitos sirio y ruso? ellos no han sido liberados, han sido asesinados. ¿Y el bienpensante mundo occidental, que ha hecho al respecto?: nada. Estaba muy ocupado preparando la Navidad, llenando de luces sus ciudades, incitando al consumo desbordante a sus habitantes, celebrando con viandas y risas los días de fiesta que se avecinan… Eso sí, para calmar su conciencia, los dirigentes de la UE han solicitado a la ONU que abra una pasillo humanitario para que la ayuda llegue a la población de Alepo, mientras miraban para otro lado cuando la ciudad sitiada era bombardeada sin piedad.

Hemos aceptado ya que el Mediterráneo haya dejado de ser el Mare Nostrum para ser el Mar de los Muertos, seguimos viendo imágenes de miles de personas expulsadas de su país y lo único que nos preocupa es que no vengan a nuestra puerta a quitarnos la paz y la tranquilidad de las que disfrutamos. No queremos ver de cerca la dignidad de los que lo han perdido todo y aun así siguen adelante, buscando una salida, un camino que les permita soñar con un mañana mejor, porque nos hace sentir miserables.

Por esta razón nos centramos en temas tan importantes como la inquietante melena de Donald Trump, el perverso mensaje de Navidad de Mariano Rajoy a sus seguidores de Madrid, el apasionado beso de Errejón e Iglesias o la puesta en escena de la incierta -o no tanto- futura lideresa del PSOE en Jaén. Sin duda, Alepo queda muy lejos de esta España que se está vistiendo con sus mejores galas y está preparando los mejores manjares para celebrar una Navidad más.

¡Feliz Navidad a los hombres de buena voluntad! si es que los hombres de buena voluntad son capaces de ser felices cuando la mitad del mundo está atrapado por guerras, hambrunas, miseria o dictaduras que amordazan su libertad.

 

El don de saber enseñar

maestro

No es mejor maestro el que sabe más, sino el que mejor enseña

Mi hermana es maestra, siempre quiso ser maestra. Yo, que nunca he tenido claro que quería ser de mayor, ni siquiera cuando he sido mayor, he admirado toda mi vida esa cualidad suya de saber cuál era su verdadera pasión. Lleva más de 25 años educando y, a pesar de las dificultades y sinsabores que conlleva su profesión, veo la ilusión en su mirada cada vez que habla de “sus niños”.

Hoy, Día Mundial de los Docentes, he escuchado la emocionada voz de María que ha contado la historia de su padre: Francisco Cañete López, maestro de Luque (Córdoba) en el programa “Más de Uno”, de Onda Cero. Un maestro que luchó por enseñar toda su vida y, aunque una guerra le prohibiese hacer aquello que más quería, él encontró la forma de seguir haciéndolo. El retrato del “Maestro del Algarrobo”, que he rescatado de la memoria de uno de sus alumnos, nos recuerda una España en blanco y negro, cuajada de pequeños pueblos con escuelas de una sola clase -en la que convivían infantes de muy diversas edades-, y en los que un maestro o una maestra malvivía de lo que amaba: enseñar a los demás.

El poema “Educar” de Gabriel Celaya define perfectamente la labor de todos los profesionales que dedican su vida a transmitir no solo conocimientos, sino algo mucho más importante: enseñar valores, desarrollar capacidades, fomentar la curiosidad por el aprendizaje y sobre todo, enseñar a pensar por uno mismo.

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gracias, Tata, a ti y a todos los que, como tú, amáis la enseñanza, porque vuestra labor es fundamental para una futura sociedad más justa, más libre y más fuerte.