El lobo ya ha venido y los fantasmas no existen

esperanza contra miedo

Imagen de Neil Girling

“¡Qué viene el lobo!”, “¡Qué viene el lobo!”, nos decía ayer la casi-alcaldesa de Madrid, arrogándose en salvadora de oscuros futuribles ante los descerebrados madrileños que, inexplicablemente, le han dado al PP sólo 44.082 votos más que a la Agrupación Ahora Madrid en estas elecciones municipales. Cuando ella asegura tener 500.000 votos más que la opción que lidera Carmena, une a los votos del PP, los del PSOE y los Ciudadanos, como si tratara de liderar una coalición interestelar contra las fuerzas del mal encabezadas por Manuela Carmena.

El lobo ya ha venido, Señora Aguirre, durante años ha ido desangrando nuestros derechos sociales, ha ido llevándose nuestro dinero a sus cuentas bancarias y ha ido vendiendo nuestro patrimonio a sus colegas. Por mucho que intente convencerme, sé que los fantasmas no existen. Su discurso me ha recordado a lo que se decía en algunos sectores cuando Suárez se atrevió a legalizar el Partido Comunista de España. Eran las primeras elecciones generales democráticas que se celebraban en España después de casi 40 años de dictadura. El editorial del ABC del 10 de abril de 1977 decía lo siguiente: “No es hacer viable la democracia el condescender con aquellos que no practican sus reglas cuando llegan al Poder. No es la democracia moneda de curso legal en la Cuba de Castro ni lo es en la Rusia de Breznef, donde a los disidentes se les encierra en clínicas psiquiátricas o se les instala en archipiélagos Gulag.” (¿por qué me recuerda a las alusiones a Venezuela?).

En fín, lo dicho, que el lobo ya ha venido y los fantasmas no existen.

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La locura de la casualidad

Andreas Lubitz, copiloto del Airbus estrellado en los Alpes franceses.

Andreas Lubitz, copiloto del Airbus estrellado en los Alpes franceses.

El accidente aéreo que nos ha conmocionado en los últimos días me hace preguntarme si la vida no se basa en casualidades: nuestra existencia depende en gran medida del destino. William Shakespeare dijo una vez que “El destino es quien baraja las cartas pero somos nosotros quienes jugamos”. Un copiloto de nombre Andreas Lubitz parece que ha estrellado el avión que pilotaba. Según las investigaciones de la fiscalía francesa sobre la colisión del Airbus A230,  Lubitz ha jugado las cartas de las 149 personas que viajaban con él.

Ya es difícil reconocer la pérdida de un ser querido, pero entender que esa desaparición ha sido a causa de la voluntad de otra persona tiene que ser complicado de aceptar. La casualidad no tiene patrones, no tiene normas, no tiene sentido y es inevitable; tal vez la guíe el destino en su ceguera.

Engañosas palabras blancas

Lie

Imagen de dominiccampbell

Las palabras blancas corren sin freno a mi alrededor, ilusiones fugaces que se visten de gala estos días y que arropan los pueblos blancos, las calles con ropajes de primavera adelantada, las playas todavía vírgenes de ruidosos veraneantes. Ya no hay carteles, no hay plazas llenas de pasquines ofreciendo El Dorado; ahora proliferan los tweets, los mensajes en Facebook. Los magos ofrecen su espectáculo de hipnotismo a fieles seguidores que jamás descubrirán los trucos de los embaucadores.

Las palabras blancas salen de sus bocas como pañuelos sostenidos por mariposas de colores, y esconden esas otras palabras que la gente no quiere oír. Quisiera perderme, bajarme de este tiovivo en el que todas las verdades y todas las mentiras se entremezclan en una música agonizante, estridente, artificiosa.

Me abruman sus engañosas palabras blancas. Sólo salen de sus gargantas consignas, frases hechas en seda y satén, y todo ¡por un voto!.

La España paralela

¿Futuro?

¿Futuro?

Existe una España que no aparece en las noticias, salvo en muy escasas ocasiones. Hombres y mujeres que se levantan diariamente para cumplir con su trabajo o para intentar buscarlo, que viven de su esfuerzo, de su legítima recompensa. Que no buscan ser protagonistas de nada, pero que necesitan ser partícipes de la construcción de su futuro. Que son de derechas y de izquierdas, que son creyentes y ateos, que son trabajadores y empresarios… Que persiguen sus sueños sin pisotear los de los demás, que luchan por sus ideales sin pervertir sus principios, que quieren un país que no se disuelva cada 40 años.

A su alrededor, por encima de ellos, entre ellos pasan revoloteando truhanes con voz de barítono, trileros con cara de ángel, embaucadores con aspecto de persona seria y responsable. Tantas mentiras envueltas en papel de seda, en pompas de jabón, en globos de deseos de un mundo mejor.  Yo busco ideas que me representen, no hombres ni mujeres concretos, porque los seres humanos siempre cometen equivocaciones, no son puros, no son infalibles, tienen defectos y virtudes, claros y oscuros, como tú y como yo son imperfectos. Y aun así, a pesar de la escasa o nula fe en estos prohombres de cartón piedra, sigo creyendo en un idea de país, en conquistar un futuro que dejar a los que vengan detrás de mí.

 

Susto o muerte

Halloween

Imagen de george erws

Otra alerta de nuevos posibles casos por Ébola en España me hacen pensar en el juego de “susto o muerte”, tan popular en la cercana fiesta de Halloween. Desde que en un ya lejano 2007 se nos cayera encima un país que estaba demasiado pagado de sí mismo, no salimos de un Halloween  perpetuo y nos hacen elegir entre susto y muerte a cada rato. Desde una prima de riesgo que se nos coló en la casa a vivir del cuento, a centenares de sanguijuelas que nos chupaban la sangre y que van saliendo poco a poco a la luz (sin que nadie las aísle para que no sigan dañándonos), hasta la algarabía montada por iluminados que, para no tener que bregar con los problemas del día a día, se han sacado de la chistera una bandera y un país que ha atraído, como el flautista de Hamelin, a miles de personas de buena voluntad. Por no hablar del miedo a una nueva crisis de la vieja Europa, que ya no sé si es nueva o es que se ha cambiado el maquillaje para parecer distinta.

Sin embargo, sigo creyendo que lo que para nosotros, países del mundo desarrollado, es un susto más o menos fuerte, para los países del tercer mundo es una muerte segura.

Los silencios de la vida

Imagen de Max Boschini

Imagen de Max Boschini

La vida tiene silencios plácidos, silencios eternos, a veces incómodos, otras reveladores; hay silencios cómplices y silencios ensordecedores, gratificantes y estúpidos, amenazadores y reconfortantes, románticos y amargos. En algunos momentos resultan agobiantes, pero a mí me gustan. Creo que son necesarios, te ayudan a distanciarte, a evadirte por unos momentos del bullicio que te acompaña permanentemente: palabras, música, ruido… sonidos a tu alrededor que no te permiten oír el verdadero sonido del silencio.

Hoy he sentido la necesidad de romper ese silencio, sin ninguna razón, sólo por la necesidad de volver a sentir las palabras saliendo a través de unas teclas de ordenador, que van conformando frases tal vez necias, tan vez inconsistentes, pero que surgen porque somos incapaces de mantener un silencio continuo. Necesitamos las palabras como el agua es necesaria para nuestro organismo, porque somos seres sociales que necesitamos comunicarnos entre nosotros, mostrarnos a los demás y decirles: ¡eh, soy yo, estoy aquí! Necesitamos de las palabras para vivir, igual que, a veces, necesitamos de los silencios para seguir viviendo.

La hora de la generación sin complejos

El futuro es consecuencia del presente

Imagen de Movimiento 15M valencia

Ha llegado la hora de dejar paso a una nueva generación que no tiene complejos, que no tiene miedos atávicos a la hora de afrontar retos hasta ahora imposibles. Ya no se trata de unos cientos jóvenes locos sin guía, sin rumbo, bien alimentados y con pocas obligaciones que se dedican a acampar en la Puerta del Sol de Madrid para tocar las narices a sus mayores. Es mucho más que eso, es una nueva forma de entender la política que asusta a los políticos “tradicionales” de izquierdas y de derechas. Esta generación no ha tenido que superar ninguna dictadura, no ha tenido que lidiar con ruidos de sables, no ha tenido que elegir entre pactar o no existir, no ha tenido que ganarse la confianza de una población sedienta de libertad, pero también con miedo a la libertad.

Muchos se llevan las manos a la cabeza porque hay gente que pide el final de la monarquía hereditaria. ¿Por qué?, vivimos todavía en un país donde la libertad de expresión es uno de los derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución de 1978. Pero igual que hay quienes jalean a los que piden la venida de la República, pueden surgir los que jaleen la salida a la palestra de un nuevo salvador de la patria: “una, grande y libre”; y esos también tendrán derecho a expresar libremente sus ideas, al igual que lo van a hacer en el nuevo Parlamento Europeo surgido de las urnas los partidos de extrema derecha de diversos países de la UE.

Es beneficioso para la salud de nuestra democracia sacar fuera todos los demonios. No debemos de tener miedo a replantearnos aquello de nuestra Carta Magna que haya que modificar, suprimir o añadir. Una sociedad es un ente vivo, que cambia, y las reglas del juego se tienen que ir modificando para adaptarlas a la sociedad a la que deben servir. ¡Lo único que me asusta que se haga como el “salto de la Reja”!.