El paro juvenil y los muertos

Con 48 años, periodista y mujer, mis posibilidades de dejar de ser uno de los más de 6,2 millones de parados va a ser casi un milagro. Sin embargo, no quiero rendirme. Mis casi 20 años de experiencia como responsable de comunicación no sirven de mucho, cuando las ofertas que llegan son de community manager. Para poder optar a un puesto como community manager parece ser requisito imprescindible tener menos de 30 años. Debe ser que los que pasamos de largo los 40 no somos capaces, por nuestra edad, de aprender y evolucionar. Somos muertos, a efectos de posibles empleadores.

El paro juvenil es, sin duda, una pesada losa a la hora de afrontar el futuro que nos espera, pero ellos todavía tienen la esperanza de poder empezar una carrera profesional. Los que, con casi 50, nos encontramos en esa sangrante e interminable lista de parados, con ganas de trabajar, estamos abocados a no encontrar ni siquiera espejismos en este desierto en el que nos hemos perdido, aunque me niegue a darme por muerta. A ese 57,2 por ciento de jóvenes que actualmente no encuentran salida les daría el mismo consejo que Serrat ofrece en en su pesimista y hermoso “Pueblo blanco”:

“Escapad gente tierna,
que esta tierra está enferma,
y no esperes mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.
….

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí…

Pero los muertos están
en cautiverio
y no nos dejan salir
del cementerio.”

Anuncios

Entre lo que debes y lo que quieres

Ser padre o madre es una tarea para la que uno nunca se encuentra totalmente preparado. Una intenta poner, junto con todo su cariño, una pizca de sentido común para que la personita que te mira, te sonríe o te busca para que le protejas, aprenda a encontrar su propio camino.

Pero hay ocasiones en que te desborda la situación, y ves como tu hijo sufre sin que puedas llegar hasta él, sientes como se hace daño a sí mismo e intentas que reaccione, demostrándole que es una gran persona, que lo primero que debe hacer es confiar en él. En esas ocasiones, quieres abrazarlo, apartarle de aquello que le hace daño, pero sabes que debes ayudarle a crecer, y acompañarle cuando se enfrenta a sus miedos; aunque eso sea un gran esfuerzo y duela.

Aunque me encanta esta canción, mis hijos me han enseñado que son mucho más que “unos locos bajitos”.

Una triste balada de otoño

El cielo gris de la mañana se refleja en mi ánimo, hoy cargado de otoño, de melancolía por la agonía de un mundo conocido y que siento resquebrajarse a mi alrededor. El frío, que ya araña los cristales, se cuela en el alma por otra mujer muerta a cuchilladas, mientras nuestras prioridades, según las voces y las plumas autorizadas, siguen siendo el dinero y el baile que nuestros políticos nos quieren hacer bailar.

Hoy me siento triste, y me acompaña esta bella “Balada de otoño” de Serrat.