La locura de la casualidad

Andreas Lubitz, copiloto del Airbus estrellado en los Alpes franceses.

Andreas Lubitz, copiloto del Airbus estrellado en los Alpes franceses.

El accidente aéreo que nos ha conmocionado en los últimos días me hace preguntarme si la vida no se basa en casualidades: nuestra existencia depende en gran medida del destino. William Shakespeare dijo una vez que “El destino es quien baraja las cartas pero somos nosotros quienes jugamos”. Un copiloto de nombre Andreas Lubitz parece que ha estrellado el avión que pilotaba. Según las investigaciones de la fiscalía francesa sobre la colisión del Airbus A230,  Lubitz ha jugado las cartas de las 149 personas que viajaban con él.

Ya es difícil reconocer la pérdida de un ser querido, pero entender que esa desaparición ha sido a causa de la voluntad de otra persona tiene que ser complicado de aceptar. La casualidad no tiene patrones, no tiene normas, no tiene sentido y es inevitable; tal vez la guíe el destino en su ceguera.

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Otro 25 de noviembre: mujer que camina y sangra

Un nuevo asesinato machista en Parla (Madrid) aumenta la macabra estadística: 41 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas en España desde el 1 de enero de 2012, según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en los que no se han incluido 4 casos, todavía en investigación.

Siento rabia, impotencia, dolor por cada una de estas muertes, y por todas las que, con su sangre, nos hacen más fuertes, más valientes, más libres.

La mujer es sangre,
cada paso es sangre,
cada grito, cada “no”,
cada “basta” es sangre.

Con la herida siempre abierta
camina y sangra,
da vida y sangra,
ama y sangra,
llora y sangra.

Sangre símbolo del yugo,
sangre que hiere,
sangre, sangre,
sangre que no se detiene.

La mujer es sangre.
Y su muerte, siempre sangre.
Siempre, desde el comienzo,
siempre sangre.

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

La vida nunca se para

fotografía de ermanitu2

El otoño entra en el corazón antes que en el paisaje que me envuelve con un sol cálido de finales de septiembre. Veo a unos niños ajenos al final de una época, para ellos todo se reduce a su entorno más inmediato; una pareja se come a besos en un banco, como si el amor no se gastara nunca; y yo, entre extraños a mi alrededor, busco un sentido a las despedidas que pueden venir y que no sé cómo afrontar.
La vida nunca se para. Incluso cuando sentimos que el suelo de las certezas se diluye a nuestro paso, la vida nos arrastra con ella. Aunque no queramos, aunque sintamos que algo nuestro se queda atrás, la vida nos coge en volandas y nos agarramos a ella sin remedio.
Leo que un hombre mata a una mujer embarazada en una iglesia, hiere a otra y luego se suicida, tal vez haya pedido antes perdón por sus pecados. Pero la vida sigue luchando con la muerte y vence, a medias, al salvar el equipo médico al bebé que la mujer llevaba dentro de sus entrañas. Sin duda, todos luchamos por vivir aunque, a veces, parezca que la vida nos de la espalda.

Camina y sangra

Se confirma un nuevo asesinato machista en Mutxamiel (Alicante), con lo que asciende a 18 el número de mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas en España desde el 1 de enero de 2011, según los datos que maneja la Secretaría de Estado de Igualdad.

Siento rabia, impotencia, dolor ante cada una de estas muertes. Por ti, Mireia Roma Blasco, y por Carmen, Ramona, Susana, Ana María, Ela, Jennifer, Amaia, Marilyn, Yanela, Viorela, y por todas las que, con su sangre, nos hacen más fuertes, más seguras, más libres.

La mujer es sangre,
cada paso es sangre,
cada grito, cada “no”,
cada “basta” es sangre.

Con la herida siempre abierta
camina y sangra,
da vida y sangra,
ama y sangra,
llora y sangra.

Sangre que mana de dentro,
Sangre que duele,
Sangre símbolo de yugo,
Sangre que nunca se para.

La mujer es sangre.
Y su muerte, siempre sangre.
Siempre, desde el comienzo,
siempre sangre.

El sonido del terremoto de Japón

El exceso de información con el que se nos aturde constantemente en la era de la sociedad del conocimiento, a través de multitud de soportes, consigue encerrarnos en una burbuja en la que no penetran emocionalmente datos que no nos afecten directamente, porque somos incapaces de asimilar más allá de lo que que puede interferir en nuestro modo de vida actual o futura.

Sin embargo, el sonido del terremoto de Japón,  cuya grabación ha obtenido la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC),  gracias a los datos facilitados por una red de observatorios submarinos ubicados a ambos lados del epicentro del terremoto, situado cerca de la localidad japonesa de Hatsushima, me encoge el alma.

Si tú callas, yo muero

Fotografía de Libertinus

A pesar de las campañas de los últimos años contra la violencia de género, sólo en lo que va de 2010 han muerto ya 54 mujeres víctimas de la violencia de género en España. El silencio, la verguenza, las convenciones sociales, e incluso la indiferencia de los que estamos alrededor, fomentan el incremento de esta macabra estadística detrás de la cual se esconden nombres y rostros de mujeres, historias de fracaso y miedo, historias de lucha por una vida digna, historias de derrota personal y también de soledad. Algunos prebostes, algunos vendedores de palabras, algunos charlatanes de tertulias nos quieren vender el cuento de que ya hemos alcanzado la igualdad, de que no es necesario avanzar más; sin embargo, hay mujeres que siguen muriendo por decir “basta” a su pareja o ex-pareja, o por callar demasiado ante la humillación y los golpes del que se supone es su compañero. Y la sociedad,mientras tanto, habla por boca del CIS y dice que es la mujer la que debe retirarse de su actividad laboral y dedicarse al hogar y la familia.

No acepto la mentira de que ya somos iguales, porque no es verdad, porque las cifras son tozudas y nos muestran dónde estamos: muy lejos de la igualdad real. Cada una y cada uno, en nuestro pequeño mundo, debemos seguir trabajando día a día para eliminar los escollos, debemos seguir educando a las nuevas generaciones para romper los clichés existentes, y debemos seguir gritando NO a la violencia de género, porque si tú callas, ella puede morir.

Los cenicientas de Pozuelo

Me escapé por unas semanas de la realidad que me rodea teniendo todavía presentes las imágenes de los estudiantes iraníes manifestándose por la libertad y la democracia de su país, y vuelvo a poner los pies en el asfalto, todavía caliente por el sol que nos acompaña incansable, encontrándome con la algarabía montada en Pozuelo de Alarcón por unos chavales a los que la policía quería mandar a su casa, o a algún lugar fuera de la vía pública, convertida por ellos en improvisada parranda de alcohol y risas.

No puedo por menos que comparar las reivindicaciones de los universitarios iraníes y de los jóvenes de Pozuelo (o que estaban esa noche en Pozuelo) y la verdad es que se me cae la cara de verguenza. Porque si nuestros jóvenes sólo se movilizan contra el poder porque les prohiben beber en la calle, es que algo estamos haciendo muy mal. Ni los pésimos resultados de la política educativa, ni la falta de oportunidades a la hora de encontrar trabajos dignos, ni el escaso poder adquisitivo que les permita independizarse de sus padres han conseguido sacar a nuestros jóvenes a las calles; ¡pero que supriman el botellón, eso si que merece movilizar a todo el mundo!

Ahora, un juez de menores ha decidido un castigo ejemplar para los alborotadores adolescentes detenidos: 3 meses sin fiestas, ¡menuda putada! No sólo por el injusto trato a unos chavales que lo único que hacían era divertirse, sino por la coña con la que a partir de ahora van a ser conocidos: los cenicientas de Pozuelo. Pero eso sí, sus preocupados y concienciados progenitores no les darán dos pescozones (que están prohibidos y son malos para la salud mental de sus pipiolos), no invertirán sus ahorros en la educación ciudadana de sus hijos, sino que emprenderán una batalla legal para que a sus traviesos vástagos no les limiten la diversión, ¡vaya a ser que les causen un trauma!