Alepo no celebra la Navidad

Contemplo muda, incrédula, las imágenes de una ciudad aniquilada, de una población caminando sin rumbo por calles destruidas. Alepo, dicen los medios de comunicación, ha sido liberada. ¿A qué precio? ¿Y los niños, mujeres, hombres, ancianos, enfermos que han caído por los ataques indiscriminados de los ejércitos sirio y ruso? ellos no han sido liberados, han sido asesinados. ¿Y el bienpensante mundo occidental, que ha hecho al respecto?: nada. Estaba muy ocupado preparando la Navidad, llenando de luces sus ciudades, incitando al consumo desbordante a sus habitantes, celebrando con viandas y risas los días de fiesta que se avecinan… Eso sí, para calmar su conciencia, los dirigentes de la UE han solicitado a la ONU que abra una pasillo humanitario para que la ayuda llegue a la población de Alepo, mientras miraban para otro lado cuando la ciudad sitiada era bombardeada sin piedad.

Hemos aceptado ya que el Mediterráneo haya dejado de ser el Mare Nostrum para ser el Mar de los Muertos, seguimos viendo imágenes de miles de personas expulsadas de su país y lo único que nos preocupa es que no vengan a nuestra puerta a quitarnos la paz y la tranquilidad de las que disfrutamos. No queremos ver de cerca la dignidad de los que lo han perdido todo y aun así siguen adelante, buscando una salida, un camino que les permita soñar con un mañana mejor, porque nos hace sentir miserables.

Por esta razón nos centramos en temas tan importantes como la inquietante melena de Donald Trump, el perverso mensaje de Navidad de Mariano Rajoy a sus seguidores de Madrid, el apasionado beso de Errejón e Iglesias o la puesta en escena de la incierta -o no tanto- futura lideresa del PSOE en Jaén. Sin duda, Alepo queda muy lejos de esta España que se está vistiendo con sus mejores galas y está preparando los mejores manjares para celebrar una Navidad más.

¡Feliz Navidad a los hombres de buena voluntad! si es que los hombres de buena voluntad son capaces de ser felices cuando la mitad del mundo está atrapado por guerras, hambrunas, miseria o dictaduras que amordazan su libertad.

 

Los heraldos negros

Je suis Paris

Je suis Paris

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Los heraldos negros. César Vallejo

 

 

El espectáculo del dolor

Pastillas contra el dolor ajeno ( medicos sin fronteras)
Siento un enorme pudor cada vez que me golpean imágenes y sonidos del juicio contra José Bretón. Intento no mirar, no escuchar, pero a veces es imposible dejar de ver o de oír. A veces, la información se convierte en espectáculo, y en casos como éste, como el de Marta del Castillo, como el de Rocío Wanninkhof y otros muchos; la masa, ávida de sangre, de dolor ajeno, se embebe de posibles aberraciones, de actos ignominiosos que aligeran sus propias miserias. Esto no es solidaridad con las víctimas, es algo más primitivo y repulsivo, es convertir el dolor en espectáculo para el pueblo, un pueblo necesitado de emociones fuertes, que le permitan olvidar la crisis, los desahucios, el paro; en fin, que les permita suspirar y pensar: “estamos jodidos, pero no tanto”.

Cuatro mujeres muertas por violencia machista esta semana

¿Qué estamos haciendo mal? Es evidente que algo no estamos haciendo bien en nuestra sociedad, cuando siguen muriendo mujeres porque hay hombres que se creen con derecho a matarlas. En cuatro días, cuatro mujeres muertas en España por violencia machista. Podríamos achacarlo a la crisis, que ha traído consigo recortes en las políticas de prevención de la violencia de género (más de un 21% en 2012); que ha condenado a muchas mujeres a no denunciar por miedo a encontrarse solas y desprotegidas (desde 2008, año en que comenzó la crisis, las denuncias por violencia machista han descendido un 9,6%, según el último informe  del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)). Pero no es únicamente la crisis, es algo más profundo y difícil de erradicar.

La violencia machista mata

La violencia machista mata

El silencio, la vergüenza, las convenciones sociales, e incluso la indiferencia de los que estamos alrededor, fomentan el incremento de esta macabra estadística detrás de la cual se esconden nombres y rostros de mujeres, historias de fracaso y miedo, historias de lucha por una vida digna, historias de derrota personal y también de soledad. Algunos prebostes, algunos vendedores de palabras, algunos charlatanes de tertulias nos quieren vender el cuento de que ya hemos alcanzado la igualdad, de que no es necesario avanzar más; sin embargo, hay mujeres que siguen muriendo por decir “basta” a su pareja o ex-pareja, o por callar demasiado ante la humillación y los golpes del que se supone es su compañero.

Las cifras son tozudas y nos muestran dónde estamos. Según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (y en los que no está incluido el último asesinato, ocurrido ayer en Santander), nos encontramos muy lejos de la solución del problema. Cada una y cada uno, en nuestro pequeño mundo, debemos seguir trabajando día a día para eliminar los escollos, debemos seguir educando a las nuevas generaciones para romper los clichés existentes, y debemos seguir gritando NO a la violencia de género, porque si tú callas, ella puede morir.

Otro 25 de noviembre: mujer que camina y sangra

Un nuevo asesinato machista en Parla (Madrid) aumenta la macabra estadística: 41 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas en España desde el 1 de enero de 2012, según los datos que maneja el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en los que no se han incluido 4 casos, todavía en investigación.

Siento rabia, impotencia, dolor por cada una de estas muertes, y por todas las que, con su sangre, nos hacen más fuertes, más valientes, más libres.

La mujer es sangre,
cada paso es sangre,
cada grito, cada “no”,
cada “basta” es sangre.

Con la herida siempre abierta
camina y sangra,
da vida y sangra,
ama y sangra,
llora y sangra.

Sangre símbolo del yugo,
sangre que hiere,
sangre, sangre,
sangre que no se detiene.

La mujer es sangre.
Y su muerte, siempre sangre.
Siempre, desde el comienzo,
siempre sangre.

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Hasta que tu muerte nos separe

El asesinato de Estrella Amaro por su ex-marido es, además de una macabra estadística, una herida abierta en el seno de nuestra sociedad. Las condena pública de estos asesinatos es necesaria, pero no basta. La prevención es fundamental, pero ¿por qué no funciona?, ¿por que las mujeres que son vejadas, maltratadas o anuladas por su pareja no denuncian?. Es difícl entender como una víctima de un delito continuado de abusos, sea cual sea, no puede salir de su condena, pero cuando lo intentan, cuando dan el paso y gritan ¡BASTA!, lo pagan con su vida, porque la sociedad que se supone debe protegerlas no es capaz de activar los mecanismos necesarios que eviten estas absurdas muertes.

Estrella Amaro tenía una vida que un hombre al que un día estuvo unida le ha arrebatado. La frase que une a una pareja en el rito católico del matrimonio: “hasta que la muerte os separe”, parece que muchos hombres se la toman al pie de la letra y, de una forma enfermiza, la llevan hasta sus últimas consecuencias, y así el “hasta que la muerte os separe” se convierte en “hasta que tu muerte nos separe”.

Una triste balada de otoño

El cielo gris de la mañana se refleja en mi ánimo, hoy cargado de otoño, de melancolía por la agonía de un mundo conocido y que siento resquebrajarse a mi alrededor. El frío, que ya araña los cristales, se cuela en el alma por otra mujer muerta a cuchilladas, mientras nuestras prioridades, según las voces y las plumas autorizadas, siguen siendo el dinero y el baile que nuestros políticos nos quieren hacer bailar.

Hoy me siento triste, y me acompaña esta bella “Balada de otoño” de Serrat.