Reivindicaciones de una invisible

ojo_que_vigilaHa finalizado el mes de enero. Un histrión con aires de César del siglo XXI ha sido ascendido a presidente de EE.UU., Europa, como un personaje de personalidad múltiple, se debate entre la ferviente defensa de los derechos humanos y la inacción frente a la vulneración de los mismos; la izquierda en España continúa como siempre: siendo su peor enemigo; la Pantoja ha sido rehabilitada por obra y gracia de Pablo Motos; en Cataluña siguen vendiendo un país de yupi con jueces lenguaraces y expresidentes mártires por la causa y por la pela. El mundo sigue girando, de momento, alrededor del sol, los polos continúan con su silencioso deshielo; en fin, que por lo que apunta este principio del 2017, el futuro se presenta vestido de miedo, respirando odio, y llevando las gafas de la intransigencia ante los que son o piensan distinto.

Sin embargo, con este desolador panorama es hora de las reivindicaciones de los invisibles. Aquí os dejo las mías:

invisibles_invencibles

Reivindicación de una invisible

Yo reivindico
una mano abierta al abismo insondable del mañana;
escuchar el grito mudo de millones de gargantas
seccionadas sin pudor por la avaricia;
renacer en una mirada limpia, sin pasado,
que en volandas, sin paradas, me transporte
hasta la isla del principio de los tiempos,
donde no existan nombres, venganzas,
reclamos, intereses, egoísmo, llanto, rabia.

Yo reivindico
el poder de las palabras,
de las grandes gestas de todos los anónimos
sin ilustres ancestros ni apellidos,
que remueven conciencias y reclaman
un futuro para todos, incluidos los proscritos.

Yo reivindico
la fuerza de los invisibles
desde el poderoso agujero de los muertos,
los que murieron y morirán creyendo,
los que se negaron y se negarán al yugo
del poder, de la derrota, del lamento.

 

Canto a la rosa herida, pero no muerta

Ayer presencié con tristeza el primer “round” del Debate de Investidura. Tal vez me esté haciendo vieja y solo vi cómo un partido que logró en 1982 aunar las esperanzas de millares de personas se ahogaba en sus propias contradicciones. No soy militante, ni votante asidua de PSOE, soy de esos restos que se han quedado siempre sin escaño, pero siempre confié en que ese partido, que mis padres veneraban como el maná en el desierto, pudiera traer a este país mayor justicia social, mayor prosperidad para todos, más oportunidades para los que nunca las tuvieron. Sí, ¡siempre fui un poco ingenua!

Me gustaría poder creer en la nueva izquierda, pero lo que veo, de momento, me provoca únicamente una sonrisa amarga: gruesas palabras, ninguna propuesta, mensajes de Twitter enlazados en una tribuna… Los que dijeron no al candidato del PSOE ahora se rasgan las vestiduras porque Mariano Rajoy será presidente. Siguen hablando de un proyecto de izquierdas, cuando la aritmética es tozuda y dice que la izquierda ha perdido fuelle desde las elecciones de diciembre a las de junio. A veces me pregunto si todos los políticos, sean del signo que sean, creen que la gente es imbécil.

Mañana saldrá elegido un candidato a presidente que no me gusta, que ha sido elegido democráticamente y que será investido gracias a la penitencia impuesta a un PSOE empequeñecido en “aras de la responsabilidad”. Creo sinceramente que no le quedaba otra salida, aunque esa salida le lleve a un precipicio que, tal vez, acabe con sus 137 años de historia si no es capaz de mirar de frente a sus militantes y electores y explicarles las verdaderas razones de este harakiri en directo.

Espero que la rosa vuelva a florecer, pero ahora solo siento “La rosa a cuestas” (poema de Paz Díez Taboada)

rosa

Llevo la rosa a cuestas por un largo camino

Traigo una rosa en sangre entre
las manos…
Blas de Otero

Llevo la rosa a cuestas por un largo camino,
por una vía estrecha, flanqueada de lágrimas.
Llevo sobre la espalda los pétalos heridos,
a punto de caer como lluvia de sangre.
Traigo la rosa en alto, como un trofeo antiguo,
la levanto y agito contra el viento de otoño.
Traigo la rosa en brazos como si, desvalido,
un niño temeroso me clavara las uñas.
Con la rosa encarnada ando sin rumbo, y miro
cómo avanzan las sombras devorando la vida.
Con la rosa en la mano, camino hacia el olvido,
con la rosa y su peso, entre la niebla.

El don de saber enseñar

maestro

No es mejor maestro el que sabe más, sino el que mejor enseña

Mi hermana es maestra, siempre quiso ser maestra. Yo, que nunca he tenido claro que quería ser de mayor, ni siquiera cuando he sido mayor, he admirado toda mi vida esa cualidad suya de saber cuál era su verdadera pasión. Lleva más de 25 años educando y, a pesar de las dificultades y sinsabores que conlleva su profesión, veo la ilusión en su mirada cada vez que habla de “sus niños”.

Hoy, Día Mundial de los Docentes, he escuchado la emocionada voz de María que ha contado la historia de su padre: Francisco Cañete López, maestro de Luque (Córdoba) en el programa “Más de Uno”, de Onda Cero. Un maestro que luchó por enseñar toda su vida y, aunque una guerra le prohibiese hacer aquello que más quería, él encontró la forma de seguir haciéndolo. El retrato del “Maestro del Algarrobo”, que he rescatado de la memoria de uno de sus alumnos, nos recuerda una España en blanco y negro, cuajada de pequeños pueblos con escuelas de una sola clase -en la que convivían infantes de muy diversas edades-, y en los que un maestro o una maestra malvivía de lo que amaba: enseñar a los demás.

El poema “Educar” de Gabriel Celaya define perfectamente la labor de todos los profesionales que dedican su vida a transmitir no solo conocimientos, sino algo mucho más importante: enseñar valores, desarrollar capacidades, fomentar la curiosidad por el aprendizaje y sobre todo, enseñar a pensar por uno mismo.

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gracias, Tata, a ti y a todos los que, como tú, amáis la enseñanza, porque vuestra labor es fundamental para una futura sociedad más justa, más libre y más fuerte.

Sigo en modo ajustando hora

Ajustando hora

Sigo en modo “ajustando hora”

A veces la vuelta a la rutina resulta un bálsamo después de unas vacaciones en familia. La verdad es que los quiero mucho a todos, pero una, con los años, tiende a querer unas vacaciones sin compromisos, sin “obligaciones”; y esto es imposible cuando las madres se nos hacen muy mayores y los hijos también; y si a eso añades amigos con problemas personales que se te acoplan para huir de los mismos, ¡ya ni te cuento!. Por eso agradezco el final de ese tiempo en el que descanso menos que nunca y me siento con más obligaciones que nunca.

Ciertamente es una hipérbole desmesurada, porque también disfruto enormemente de esos momentos en los que tengo a toda la gente que de verdad me importa a mi lado, ¡pero agotan tanto! Por eso ahora estoy ajustando hora de nuevo, recuperando esos instantes sólo míos, en los que puedo escuchar mi propia voz, sin que ninguna otra la interrumpa de sus desatinos o cavilaciones.

Hay períodos de vacaciones en los que no recargas pilas, las explotas directamente. Yo ya no sé si he recargado las mías o me las he cargado directamente, pero la vida sigue. Aunque la muerte se te cruce una y otra vez dejándote sin aire. Y aquí estamos de nuevo, de vuelta a esta normalidad anormal, en la que todos estamos en funciones, no sólo un Gobierno que se está eternizando en su interinidad ¿Habrán consolidado ya derechos y les tendremos que pagar indemnizaciones si queremos echarlos?

Bueno, mis inconsistencias siguen intactas. Tal vez eso sea un síntoma grave, no sé, el tiempo lo dirá.

Enredada en las palabras

Se me pasa el tiempo enredada en las palabras de otros, guardando mis propias palabras en un lugar oscuro, aislado, sordo a sus sonidos y sus anhelos de volar; hasta que son tantas las palabras acumuladas dentro, que rompen como un caudal desbordado, furioso y liberador ese encierro, tejido con desidia y cierto pesimismo, que acompañan a la rutina que arropa tantos días átonos.

Ese día en el que las palabras vuelven a fluir, el primer día de frío real en un invierno incierto, maravillosos caracteres danzan como niños recién estrenados en la nieve, asombrados y alborozados ante este increíble espectáculo de magia que supone la formación de palabras.

No, hoy no toca hablar de Esperanza, de Pablo, de Pedro o de Mariano. Hoy no toca hablar de posturas intransigentes cubiertas con velos de cortesía, de veladas amenazas cocinadas como propuestas, de taimadas dimisiones digeridas como estrategia.

Hoy toca disfrutar de palabras como: compromiso, responsabilidad, honestidad, coherencia, transparencia, diálogo, compartir, escuchar, cooperar, ceder, avanzar, …

Imagen de LexnGer

Los heraldos negros

Je suis Paris

Je suis Paris

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Los heraldos negros. César Vallejo

 

 

Mujeres de tierra y acero

cancer mama

Imagen de David en Flickr

Hoy, Día mundial contra el cáncer de mama, quisiera rendir un pequeño homenaje a esas mujeres de tierra y acero. Mujeres de tierra fértil y húmeda, que emergen a la vida tras ser devastadas por riadas, heladas, fuegos que mutilan cuerpos a su paso. Mujeres de acero que defienden su esencia con el escudo de un espíritu de lucha invencible. Esas mujeres que, como mi madre, alguna vez se han enfrentado  a esa macabra lotería que es el cáncer de mama.

Esta es la historia de una mujer que se enfrentó, hace más de 25 años a esa noticia que te dan como un mazazo en el centro del estómago: “hemos analizado las muestras y hay que extirpar la mama”. Ya nos habíamos encarado con la palabra “cáncer” y habíamos perdido. Mi padre murió de cáncer de páncreas tras varios meses de dolores que no calmaban ni la morfina que le administrábamos a través de un catéter. Y cuatro años después nos enfrentábamos de nuevo a la maldita palabra, sin que mi madre hubiera sido capaz todavía de abandonar el luto por su compañero.

Nunca la vi desfallecer, ella sabía que no podía dejarnos y perdió una de sus mamas en la batalla, pero ganó la guerra. No se quejó jamás, no le importó la amputación de uno de sus generosos pechos; esos pechos que me amamantaron hasta los tres años, que me acunaron y cobijaron cuando la oscuridad y los miedos me envolvían. Hoy, con 86 años, sigue haciendo frente a la vida mirándola a la cara, sin temer a la muerte, pero viviendo la vida.