Por #1000razones con la marea morada

El próximo viernes, 8 de marzo, las mujeres volvemos a parar el mundo porque todavía queda mucho por decir, queda mucho por hacer, queda mucho por cambiar. La igualdad de género no es solo un derecho humano básico, sino que además es crucial para acelerar el desarrollo sostenible, según recoge el objetivo 5 de la Agenda 2030.

Este #8M el Día Internacional de la Mujer, que se celebra bajo el lema
Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio“, vendrá acompañado de una huelga feminista para demostrar -como se dice en el argumentario de la Comisión 8M– que sin nosotras no se produce, y sin nosotras no se reproduce.

El #DíadelaMujer se está preparando con cientos de actos reivindicativos en nuestro país, porque nuestra voz es más fuerte y tiene más de #1000razones para exigir que se reconozca nuestra contribución en todos los ámbitos.

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Amanece en tierra derrotada

Foto de
el_harry 

Una claridad densa empieza a vislumbrarse tras una noche confusa, como las miles anteriores. Amanece un nuevo día en la tierra de la derrota, una tierra en la que vientos extremos han aterrizado para barrer, sin compasión, el entorno amable y esperanzador que parecía ser indestructible.

Veo rostros crispados, sin un resquicio de duda en sus miradas, sin una brizna de tolerancia en sus gestos. Escucho voces destempladas, airadas, inflexibles que se alzan, arengando a quien se quiera unir a un macabro carnaval de despiece de una piel de toro cansada de luchas intestinas e infértiles.

Se me viene a la memoria un poema de Luis Cernuda, “Es lástima que fuera mi tierra”, del que dejo unos versos:

“No hablo para quienes una burla del destino
Compatriotas míos hiciera, sino que hablo a solas
(Quien habla a solas espera hablar a Dios un día)
O para aquellos pocos que me escuchen
Con bien dispuesto entendimiento.
Aquellos que como yo respeten
El albedrío libre humano
Disponiendo la vida que hoy es nuestra,
Diciendo el pensamiento al que alimenta nuestra vida.

¿Qué herencia sino ésa recibimos?
¿Qué herencia sino ésa dejaremos?

En medio de la lógica del caos

En medio de la lógica del caos

Parece que nos encontramos al final de una era histórica, o al principio de una nueva, según se mire; en medio de la lógica del caos. Los que somos inmigrantes digitales asistimos incrédulos a los enormes cambios que Internet está causando en nuestra sociedad.

Lo que augurábamos como la democratización de la información, se ha convertido en un arma de consecuencias inimaginables. La tecnología, independizada de la ética, se prostituye al mejor postor para fines poco o nada altruistas.

Ponemos el grito en el cielo porque unos operadores asalten nuestra intimidad al ofrecernos por teléfono unos servicios que ni necesitamos, ni hemos pedido; sin embargo, nadie se espanta de que su móvil le pida una valoración del lugar en el que encuentra en un determinado momento, o de que cada vez que abre su navegador le aparezcan anuncios de coches porque unos días antes ha estado valorando la posibilidad de cambiar el que tiene.

Una enorme cantidad de gente vive en un reality show permanente a través de Facebook o Instagram, compartiendo su intimidad sin ningún pudor con multitud de personas a las que no conocen. Estos escaparates de cartón piedra están condicionando las relaciones interpersonales actuales, y se ha confundido el significado de la palabra “amigo”, al denominar así a hombres y mujeres desconocidos.

Hemos creado ya una sociedad diferente a la que yo conocí de niña, en la que todo iba más despacio, los cambios eran más lentos. Sin duda, la sociedad digital que hemos construido tiene muchos aspectos oscuros que no me gustan, pero creo que las ventajas que aporta son superiores. Estamos viendo ahora los efectos secundarios, y hemos de corregir esas alteraciones si queremos ir hacia un nuevo Renacimiento, en lugar de hacia una segunda Edad Media.

Todas las mujeres de agua

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Temblaba el mar bajo mis pies, escondiéndolos entre espuma juguetona. Me adentré, dejándome llevar por su ritmo secuencial, metódico. Allí, cuando la tierra parecía nada más que un reflejo, me sentía en paz con todo, incluso conmigo misma.

Ya no había dudas, ni mentiras, ni amenazas; únicamente el sonido del mar  en mi cabeza. Solo su murmullo acunando mi cuerpo y mi espíritu. Y el viento jugando a tocarme, sin rozar siquiera mis pestañas.  Solo allí, sin más distracciones que mi pequeñez en una inmensidad de agua, he sido consciente de quién soy. 

Muda y vacía, como un principio sin pasado, me he disuelto en el suave deslizar de la inconsciencia, enterrando la culpa que nunca fue mía, para renacer siempre libre, fuerte; viva en todas las que dicen no, las que gritan basta; en todas las mujeres de agua que defienden su esencia con el escudo de un espíritu de lucha invencible.

Cuando el miedo avanza, la razón pierde

MIedo

El miedo paraliza, permite la entrada en la sociedad del virus de la intolerancia.

Estos días parece que la ultraderecha se ha puesto de acuerdo para atraer los titulares de los medios de comunicación. Hoy, Matteo Salvini y Marine Le Pen anuncian su unión en un “frente de la libertad” para acometer las elecciones europeas del próximo mes de mayo, cuando todavía no se han acabado los artículos y noticias sobre la gran victoria en las elecciones presidenciales en Brasil de Jair Bolsonaro, con el respaldo del 46 por ciento de la población; lo cual no le librará de disputar una segunda vuelta, el próximo 28 de octubre, con el progresista Fernando Haddad, que únicamente consiguió aglutinar el 29 por ciento del voto.

En España, Vox hizo ayer su puesta de largo en el Palacio Vistalegre, en Madrid, el mismo escenario dónde Podemos celebró sus congresos, para demostrar que tiene tantos entusiastas, o más, que los que se denominan herederos del movimiento 15M. Ante más de 10.000 entregados seguidores, los portavoces del partido creado por Santiago Abascal hace cinco años, expusieron su proyecto de España: una, grande y libre (para los que piensan como ellos).

El mundo anda un poco revuelto, sin duda, y el miedo está empezando a asomar sus garras. Ante un futuro incierto, con amenazas a “lo conocido”, nos aferramos a la seguridad, a la fe. En lugar de tratar de encontrar soluciones compartidas, se impone la rigidez de las ideas, la búsqueda de culpables en los otros. El peligro está en que estos movimientos radicales, estén en la derecha o en la izquierda, se nutren de los moderados desencantados.

Nos encontramos en el principio de “un mundo nuevo” y no sabemos qué hacer con él. Histriones como Trump y Putin manejan dos grandes potencias mundiales, la ultraderecha se está asentando en Europa como respuesta al miedo a los ataques terroristas islamistas, como reacción de los nacionalismos a un mundo globalizado, de los ciudadanos que, hartos de la corrupción política, se echan en brazos de caraduras con pose de integridad.

Estamos pasando del mundo de “Tiempos Modernos” al mundo de “Yo, robot”, y esa transformación conlleva numerosas inseguridades. No tengo una bola de cristal, sin embargo, si tengo claro que si el miedo gana, la razón pierde y, con ella, la democracia, la igualdad y la solidaridad.

Una huelga para encender luciérnagas

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Si nosotras paramos, el mundo se para

Entre silencios vivo, creo, dudo, me desespero, río, amo, me hastío, respiro e, incluso, a veces escucho el sonido de lo imperceptible. Hoy, tras un largo sueño en el que las palabras han permanecido en el limbo del mañana, he sacudido su consciencia hasta el ahora para unir mi voz a las que apoyan el lema de “si nosotras paramos, se para el mundo”. Mañana me uno a #LasPeriodistasParamos porque recordar un día al año la discriminación que sufre la mujer por el mero hecho de serlo no es suficiente; las declaraciones internacionales condenando esta situación no son suficientes, si todo ello no viene acompañado de un profundo cambio cultural en el que se difuminen, hasta desaparecer, los  exclusivos y tradicionales roles de hombre cazador y mujer procreadora de la especie.

Mañana, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, lo celebro reivindicando mi derecho, el derecho de todas las mujeres a ser lo que quieran en una sociedad libre e igualitaria. Y lo festejo con este maravilloso poema de Gioconda Belli

Estoy viva
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos,
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres,
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

No temo las palabras

duelo-a-garrotazos

“La riña” de Goya

No temo las palabras,
Temo las voces airadas.
A los que sólo se escuchan a sí mismos,
A los profetas que las manipulan
Y a los que las enarbolan como mordaza.

No temo las palabras,
Temo su impúdica adulteración.
A los que se erigen en guardianes
De atávicas falacias y empuñan,
Como dagas ponzoñosas y sangrantes,
Palabras que se han conquistado
A golpe de dolor y de coraje.

No temo las palabras,
Temo la ciega intransigencia.
A los que confunden conceptos
Y denominan certeza lo que
Tan solo es fe, opinión o deseo.

No temo las palabras,
Sólo temo a los trileros que envuelven
Su significado en juegos de manos
Para conseguir el resultado deseado.

Reivindico la virginidad de la palabra,
Sin fatuos adornos, rodeada de argumentos,
De verdad, de mano abierta.
Porque si desnudamos la palabra
De su traje de entendimiento,
La estaremos convirtiendo en carcelera
De otras palabras, de otras ideas.

Y eso, eso no son palabras,
Son únicamente gestos de déspotas.